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Tus acciones determinan tus emociones

por Guardián de Cultura · 3 min de lectura

¿Cuántas veces no ha sonado el despertador y lo primero en lo que pensamos es en nuestras emociones y cómo nos sentimos? El día de hoy estoy cansado. Necesito descansar un poco más. Si me levanto y hago ejercicio voy a estar cansado. Es mejor quedarme en la cama y seguir descansando. Irónicamente, cuando reflexionamos sobre cómo fue nuestro desempeño durante ese día, nos damos cuenta que después de tomar esa decisión fácil, estuvimos cansados durante el resto de nuestro día y no sentimos que dimos todo lo que pudimos haber dado. Es decir, caemos en el error de pensar que nuestras emociones deben determinar nuestras acciones. La realidad es que para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, tenemos que cambiar este paradigma. Nuestras acciones deben de guiar a nuestras emociones.

Imaginemos el ejemplo nuevamente, suena el despertador y naturalmente estamos cansados. Nuestras emociones nos dicen eso. ¿Qué pasaría si decidimos que vamos a hacer que nuestro comportamiento dicte nuestras emociones y nos levantamos a hacer ejercicio? Nos costaría mucho trabajo despertarnos y llegar hasta el gimnasio. Pero, una vez ahí y después de comenzar nuestro ejercicio, comenzaríamos a sentirnos mejor. Al terminar, tendríamos más energía que con la que nos levantamos y probablemente tendríamos un mejor día. En este escenario hicimos que nuestros comportamientos dictaran nuestras emociones y no de la otra forma.

Para todos nosotros es muy difícil controlar nuestras emociones. Es muy difícil que suene el despertador y sentirnos emocionados de que esté comenzando un nuevo día. Donde podemos intervenir es en la forma en la que reaccionamos a nuestras emociones y las acciones que llevamos al respecto. Esta es nuestra gran habilidad como seres humanos. El poder decidir las acciones que queremos llevar a cabo sin importar las emociones que tengamos. Entre cada estímulo que recibimos, tenemos un espacio donde podemos decidir la reacción a este estímulo. Cuando comenzamos a darnos cuenta de este poder, comenzamos a tener un mayor poder sobre nuestras emociones.

La mejor fórmula que he encontrado para tomar estas decisiones y guiar mis acciones es ante cualquier estímulo el pensar en los valores e identidad de esa mejor versión de mi mismo en la que me quiero convertir. ¿No tengo ganas de terminar un reporte? En vez de buscar justificarme, reflexiono sobre qué tipo de líder quiero ser y las cualidades que me gustaría desarrollar. Al hacer esto, encuentro la fuerza de voluntad para hacer el reporte y como por arte de magia mi cansancio se convierte en un sentimiento de satisfacción por haber conseguido mis objetivos durante el día. Ante cualquier emoción negativa, frustración o enojo aplico este mismo principio. Lo que he encontrado es que llevar a cabo las acciones correctas me llevan en la mayoría de los casos a generar sentimientos positivos y sentirme mucho mejor.

Todos los días, mi objetivo es no dejar que mis emociones dicten mis acciones sino hacer que mis acciones dicten mis emociones. En los días en que logro este objetivo, me doy cuenta que estoy más relajado, satisfecho y contento; además de haber tenido días mucho más productivos y retadores. Es un principio básico pero poderoso. No dejes que tus emociones dicten tus acciones. Usa tu poder como ser humano para hacer que tus acciones te lleven a tener emociones más positivas. Practicar este hábito te hará tener mucho mejores días y poco a poco te estarás convirtiendo en esa mejor versión de ti mismo que tanto añoras.

Escrito en 2017. Publicado originalmente en Medium y recuperado para este archivo tal como se escribió.

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