
Los mejores líderes tienen un arma secreta que los mantiene decididos durante los momentos mas difíciles y a través de todas las adversidades. Un arma que los ayuda a perseguir la mejora continua, a solo entregar su mejor trabajo y a siempre buscar contribuir positivamente en la vida de todas las personas. Esta arma es el amor. Si, amor. Un amor profundo e intenso por todos y cada uno de los miembros de su equipo.
Pero el amor que este líder tiene, es un amor muy especial. No es un amor romántico ni codependiente. Es un amor sincero; basado en un genuino interés en sacar la mejor versión de las personas que lo rodean. Es un amor al potencial que cada persona tiene dentro de sí misma. Y es este amor que impulsa al líder a buscar siempre ser positivo para todos los que lo rodean.
Los buenos líderes aman a todos los miembros de su equipo como un maestro artesano ama a sus discípulos. Los maestros que realmente aman, no son los más laxos ni los mas permisivos. Todo lo contrario. Los maestros que realmente aman a sus discípulos son extremadamente exigentes. Pero esta es una exigencia basada en un genuino interés en crear un cambio positivo en la vida de sus discípulos. Estos maestros saben que lograr un cambio significativo requiere esfuerzo, dedicación y sacrificio. Los grandes maestros saben que si ellos son permisivos y laxos sus discípulos nunca mejorarán. Y para ellos, el desperdiciar este potencial que sus discípulos tienen para ser una mejor versión de sí mismos representa todo lo opuesto al amor que sienten por ellos.
Para estos maestros artesanos el amor representa la oportunidad de dejar un legado positivo en la vida de sus discípulos. Una oportunidad de cambiarlos. De que exista un antes y un después. De contribuir positivamente en sus vidas. Eso es el amor que ellos sienten.
Por eso son exigentes. Por eso piden más. Por eso nunca estan satisfechos. Por que los aman. Por que quieren lo mejor para ellos y saben que para conseguir esto sus discípulos van a necesitar ser mejores de lo que hoy son. Los grandes líderes se comportan de la misma manera con los miembros de su equipo. Los aman y quieren lo mejor para ellos. Estos líderes buscan hacer de todos los miembros de su equipo mejores versiones de sí mismos.
El amor, no se puede fingir, es algo que se debe de sentir. Los mejores líderes se sienten profundamente agradecidos con todos dentro de su equipo. Agradecidos de su esfuerzo, de su dedicación, de su trabajo diario. Este agradecimiento es la base de este amor que hace que todo lo demás sea posible. Es por esto que el amor es el arma secreta de los mejores líderes. Sin amor no hay liderazgo.
Escrito en 2017. Publicado originalmente en Medium y recuperado para este archivo tal como se escribió.
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